SER COLABORADOR DE DIOS
En primer lugar hay que decir que ser Colaborador de Dios (que suena algo muy importante e impresionante) no significa que Dios sea algo separado de nosotros y que esté necesitado de nuestra ayuda. Si fuera así, no sería Dios.
Nosotros no somos "esclavos" de Dios. Nosotros somos Almas, partes del Espíritu de Dios, Almas que comparten todos los aspectos del Espíritu de Dios. El Alma es multidimensional. Usando una analogía científica, formamos parte del "fractal supremo" que es el Espíritu de Dios.
Ser Colaborador de Dios es el destino de cada Alma. Significa desempeñar un papel activo aquí y en los otros mundos:
- Es desarrollar la capacidad de amar, de dar amor y misericordia a todos.
- Es difundir la Luz y el Sonido de Dios..
- Es desarrollar los poderes creativos y vivir creativamente.
- Es experimentar y servir a la vida por amor y por gratitud por el regalo de la vida.
- Es estar sintonizado con el ECK y ser un canal para el ECK.
- Es ayudar, mediante la acción, el corazón o el oido, a los que nos pidan ayuda.
- Es seguir aprendiendo y evolucionando, pues no existe límite superior.
Un Colaborador de Dios es alguien que ha aprendido autodisciplina en las cosas espirituales.
"Ser un Colaborador de Dios significa dar amor y misericordia a todos" (Harold Klemp, Un Profeta Moderno Responde a tus Cuestiones Clave sobre la Vida, libro 2, p. 224).
"Ser un Colaborador de Dios significa continuar desarrollando no solo tus poderes creativos, sino tu capacidad de amar" (Harold Klemp, El Amor, la Piedra Angular de la Vida).
No colaborar con Dios es retirarse de la vida, contemplarla pasivamente, sin aprender ni evolucionar.
"Dios espera más de nosotros que una eternidad de comer y jugar" (Harold Klemp, La Llamada del Alma, cap. 1).
"Cuando puedas llegar al acuerdo espiritual dentro de ti de que no te importa dónde sirvas a Dios, habrás alcanzado el grado más alto de verdad y sabiduría que esté disponible en parte alguna".
(El Tambor del Tiempo, Harold Klemp, p. 211)
En esta frase de HK el "donde" hace referencia a que no nos importe si vamos a servir a Dios en este plano físico o en planos más elevados. Porque a veces nuestro deseo es no volver a este plano de dolor y sufrimiento. La actitud de servir a Dios debe prevalecer sobre nuestro interés personal.