“El mandala te abre las puertas hacia el interior de ti mismo” (Jung)
“Los mandalas son imágenes arquetípícas de nuestro inconsciente colectivo” (Jung)
“Espejos de sabiduría, ojos filosóficos” (Jakob Boehme)
El concepto de mandala
La palabra “mandala” significa en sánscrito “círculo sagrado”. El círculo es el símbolo universal de la unidad y la totalidad. Los mandalas son diseños de simetría circular utilizados por numerosas culturas y religiones de todas las épocas para representar la totalidad, la unidad esencial de todas las cosas, lo absoluto, el universo, el orden de la naturaleza y de la creación.
Características de los mandalas
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Arquetipos.
Según Jung, los mandalas son arquetipos de nuestro inconsciente colectivo, representaciones simbólicas de nuestro ser interior y de la Mente Eterna. En psicología jungiana, el centro del mandala es el centro de la conciencia, del universo y del hombre, lo más profundo del ser. El camino hacia el centro es el camino hacia la individuación, el proceso de síntesis, de unión, del consciente con el inconsciente. Según Jung, los mandalas son símbolos de sí mismos.
El físico Wolfgang Pauli que colaboró con Jung estaba convencido de que universo está codificado por un arquetipo universal como el mandala.
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Unen los opuestos.
Los mandalas unen el universo externo (físico) y el universo interno (mental), lo manifiesto y lo inmanifiesto, lo consciente y lo inconsciente, lo superficial y lo profundo, lo subjetivo y lo objetivo, lo analítico y lo sintético, la unidad y la multiplicidad, el microcosmos y el macrocosmos.
Unen también espacio y tiempo. Según el budismo, un mandala muestra como el espacio y el tiempo están organizados en el nivel más fundamental o profundo del universo.
Los mandalas son el paradigma de la evolución e involución cósmica en su retorno al centro del universo. Simbolizan un movimiento circular en torno al centro, al ser.
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Conciencia.
La unión de opuestos es la característica de la conciencia. Cada mandala expresa un estado o nivel de conciencia. Ningún mandala es idéntico a otro. Los mandalas, como los cristales de nieve, ocurren de incontables formas.
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Simbolismo.
Los mandalas simbolizan el centro del hombre, el principio oculto, su esencia misteriosa, el punto luminoso de conciencia del que irradian las facultades psíquicas.
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Orden.
Los mandalas evocan el orden primordial, la armonía subyacente y la conexión universal de todas las cosa, de todas las manifestaciones. Son representaciones espirituales del orden del mundo, de la belleza y la verdad.
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Otra dimensión.
Los mandalas son símbolos de otra dimensión, de “otro” espacio, un espacio imaginario y sagrado, en cuyo interior se manifiesta el poder divino, el Espíritu. Ese espacio sagrado tiene una frontera con el espacio profano, el espacio normal de la realidad. Los mandalas nos hablan de otra dimensión, de una dimensión profunda, de la esencia de todas las cosas, de la conciencia primordial.
Los mandalas conectan con el alma y le dan fuerza. Según el budismo, los mandalas “encienden” el Espíritu. Los mandalas son “alimento” para el alma, para trascender el nivel material a través de formas arquetípicas.
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Cosmogramas.
Los mandalas son cosmogramas, proyecciones geométricas del universo entero en su esquema esencial, que giran alrededor de un punto central.
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Universalidad.
Los mandalas están en todas partes, como el ECK, el Espíritu Divino.
Los beneficios de los mandalas
Los mandalas se utilizan como objetos de meditación, concentración y contemplación, como medio de introspección, de acercamiento a nuestro verdadero ser, a nuestra naturaleza esencial, a la conciencia de lo absoluto. Los efectos derivados de dicha práctica son:
Amplían la conciencia.
Los mandalas activan el lado derecho del cerebro y fomentan la conciencia unificada. De hecho, el círculo (que simboliza el Cielo) es el símbolo de la conciencia sintética, mientras que el cuadrado (que simboliza la Tierra) es el símbolo de la conciencia analítica. Mediante la conciencia sintética conectamos con el alma y con el Espíritu, la fuente de todo, donde todo está conectado. Los mandalas son puertas al Espíritu.
Estimulan la intuición, la creatividad y la imaginación.
Producen tranquilidad, relajación y armonía interior.
Los mandalas ayudan a calmar nuestros pensamientos, favoreciendo la apertura mental, la percepción global, la alerta sin pensamientos.
Ayudan a detener el tiempo interno.
Los mandalas realmente pertenecen a una dimensión atemporal. Cuando se contemplan, la mente y el tiempo se paran. Los mandalas nos conectan con lo profundo, donde todo es sincrónico. El mandala se le puede ver también como una imagen de la eternidad omnipresente en el tiempo manifestado.
Interiorización.
Los mandalas nos ayudan a contactar con nuestro interior, con lo profundo, con nuestro verdadero ser, con el alma, con nuestra esencia, con nuestro centro, que es también el centro del universo y de todas las cosas, para lograr la iluminación espiritual, pues cosmos y hombre obedecen a las mismas leyes. Los mandalas nos transforman, nos iluminan, nos expanden, nos llevan al centro de nuestro ser, nos descubre la totalidad indivisible, la conciencia de la unidad.
Ayudan a trascender los opuestos.
Los opuestos están representados por el círculo (símbolo del Cielo) y el cuadrado (símbolo de la Tierra).
Se suele decir que un mandala pretende metafóricamente “la cuadratura del círculo”, pues trata de unir y armonizar los opuestos, simbolizados por el cuadrado y el círculo. De hecho, el patrón más básico de mandala es una cruz encerrada en un círculo.
Mediante una conciencia centrada y en calma alcanzamos una simplicidad y desapego en la mente, más allá de la dualidad: pena-alegría, pérdida-ganancia, vida-muerte, luz-oscuridad, etc. En Budismo, este estado de paz interior se describe como “el centro en medio de las condiciones”. En el Taoismo chino se le denomina “medio amarillo”. En el Hinduismo se le llama “nirvandva” (que quiere decir “libre de opuestos”).
Los mandalas curan.
Jung así lo comprobó. Hoy día se utilizan en muchas clínicas de psicoterapia. La curación no es solo física, sino también mental y espiritual. Actualmente, uno de los mayores defensores de la terapia con mandalas es Rüdiger Dahlke, que asegura haber curado graves trastornos como la depresión, la psicosis, el trastorno bipolar y la esquizofrenia.
Si además de mera contemplación pasiva, se interactúa con los mandalas dibujándolos o coloreándolos, estos efectos se potencian. Pintar un mandala es realizar un viaje interno, caminar en dirección a nuestro propio centro. Todos los mandalas son diferentes porque cada uno es una imagen proyectada del estado interno de su autor. Jung solía pintar un mandala por las mañanas, al levantarse, para conocer el estado de su subconsciente y como ayuda para interpretar sus sueños.
“La creación de un mandala es el proceso de seguir conscientemente el camino hacia el centro de uno mismo” (José Argúelles).
Los mandalas y el ECK
Existe una estrecha analogía entre el ECK y los mandalas, empezando por el propio símbolo del ECK, que es circular, como los mandalas:
El ECK es atemporal, está en todas partes.
El ECK conecta todas las cosas y todas las almas.
El ECK une y armoniza los opuestos. El ECK es conciencia.
El ECK pertenece a otra dimensión.
El ECK cura.
La vibración del sonido crea bellos mandalas. La Cimática es la ciencia que estudia las formas geométricas creadas por el sonido. ¿El sonido de HU produce la estrella de seis puntas de ECK?
Adenda
La simbología del círculo y del cuadrado
El círculo es el símbolo fundamental de la mística. Es un “punto” extendido. El punto es quizás el concepto más abstracto y profundo que existe, que simboliza, la fuente de donde surge todo. El círculo simboliza:
La Divinidad y el Cielo.
Lo universal, la unidad y la totalidad.
La perfección, la armonía, el orden primordial, la homogeneidad, la unión perfecta sin división.
Lo inmutable, lo atemporal, la eternidad sin principio ni fin.
El infinito, lo ilimitado, las infinitas posibilidades.
El espacio y el tiempo como una sola unidad.
El cuadrado simboliza lo estable, lo solidificado, lo manifestado, lo limitado, el mundo creado, la Tierra. Simboliza también el tiempo. El círculo es al cuadrado como el Cielo es a la Tierra, y también como la eternidad es al tiempo.
El cuadrado inscrito dentro de un círculo simboliza la Tierra dependiendo del Cielo, es decir, lo particular dependiendo de lo universal.
El círculo inscrito en un cuadrado simboliza la chispa divina dentro de la envoltura terrenal.