Para protegerte a ti mismo debes recordar dos principios: (1) nunca creas que vas a ser dañado por nada ni por nadie, porque eres eterno, Alma eterna; y (2) practica la valentía de no tener miedo de nada, y no dejes que la imaginación corra desenfrenada imaginando que algo le va suceder a tu cuerpo para dañarlo.
Tres técnicas para la autoprotección son: (1) colocar un espejo invertido delante de ti, que el yo psíquico del adversario pueda ver pero no pueda soportar; (2) colocar una luz blanca alrededor de ti mismo; y (3) empezar a hablar con una voz normal, diciéndole a tu adversario que él no está actuando de acuerdo a las leyes de la dignidad humana.