LA CONCIENCIA Y LA VIDA
(La Clave de Eckankar, Paul Twitchell, pp.18-9)
Cada asunto de la vida está determinado, no por las condiciones externas y las cosas, sino por la conciencia. Por ejemplo, el cuerpo en sí mismo no tiene poder, ni inteligencia, y no es responsable de sus actos. Una mano abandonada a sí misma permanecería donde está para siempre. Debe haber algo que la mueva, y ese algo es lo que llamamos "yo" o "Espíritu". Ese "yo" determina cómo se usará la mano; la mano no puede determinar eso por sí misma. La mano existe como efecto o como forma y responde a instrucciones. Como vehículo o herramienta, nos obedece, y la aplicamos donde tiene utilidad.
Esta idea se puede aplicar a otras partes del cuerpo. La conciencia que formó el cuerpo al principio es la conciencia que lo mantiene y sostiene. Dios nos dio el dominio a través de la conciencia, y esta conciencia, que es el principio creador de nuestro cuerpo, también debe ser su principio sustentador y mantenedor.
Una vez que tienes este principio, has captado todo el principio de la vida. Literalmente, esta es la Ley de la Vida: la sustancia, la actividad, la dirección inteligente de la vida que está dentro del hombre.
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El cuerpo es un vehículo con el que el Alma se manifiesta en este plano físico. El Alma reencarna para aprender nuevas lecciones, elevar su estado de conciencia y evolucionar. El Alma, con su estado de conciencia, es lo que da vida al cuerpo.
La ciencia está tratando de crear la vida a partir de la materia. En Eckankar sabemos que eso es imposible. La vida se crea de forma descendente, no ascendente.